Cada que pienso cuál ha sido el día más feliz de mi vida... una escena viene a mi cabeza. Me veo como de 6 o 7 años corriendo con una faldita ázul al encuentro de mi papá por la cera de mi casa... era mi cumpleaños, mi papá había ido a trabajar y a eso de las 6:00 pm cuando no es ni de noche, ni de día y la luz en el cielo es totalmente hermosa, mi papá volvío con un regalo en sus manos, eran unas chanclas blancas con un tacón pequeño.
Es el mejor regalo que me han dado, el más significativo e importante que he recibido, especialmente porque venía de mi papá. De sólo pensarlo me dan ganas de llorar...
Fue un día maravilloso y los que vinieron después también...cada día me levantaba, me ponía mis chanclas y quedaba lista para comenzar mi día de aventuras, cabe anotar que siempre he odiado los zapatos y que antes de este regalo era imposible que yo usara zapatos cuando estaba en mi casa, siempre estaba descalza.
Pero pasó lo que tenía que pasar...las chanclas se fueron poniendo viejas y ya mi mamá no las veía tan lindas como antes y hasta le causaba verguenza con sus amigas que su hijita usara siempre las mismas chanclitas viejas y ya muy deterioradas por el tiempo, así que un día mis chanquitas blancas de taconcito desaparecieron misteriosamente, mi angustia fue horrible y por eso las busque desesperadamente por un buen tiempo hasta que por fin entendí que nunca volvería a tenerlas…
”La felicidad que puede causarnos algo, es directamente proporcional a la infelicidad que nos causa su ausencia”
Desde ese entonces, trato de no apegarme mucho a las cosas, porque a la gente no puedo evitarlo.